Epicteto abría sus lecciones con una sola idea: hay cosas que dependen de nosotros (nuestros juicios, deseos y acciones) y cosas que no (la salud, la reputación, lo que hacen los demás).
Todo el sufrimiento innecesario, decía, nace de confundir ambas categorías. Cuando pones tu bienestar en lo que no controlas, vives a merced del azar. Cuando lo pones en lo que sí controlas, nadie puede quitártelo.
«De las cosas, unas dependen de nosotros y otras no.» — Epicteto, Enquiridión, 1